Veo las reseñas y avances fílmicos de los próximos estrenos argentinos de esta semana y pienso: Bien por la ley contra la todas las formas de violencia hacia la mujer, pero hoy me preocupa la más perversa por ser la más encubierta: la violencia simbólica.
¿Qué se va a hacer con respecto a esto en el cine? Porque nuestro cine, claro que necesita que se haga algo al respecto. Empezar por las aulas no estaría mal. Y hay que hablar, mujeres. Porque el que calla otorga.
Hasta el hartazgo (mío y de otras actrices con conciencia de género, aunque parece que la audiencia no se harta y pide más), distintas formas de violencia de género desfilan por las pantallas argentinas, y desde allí se las legitima, al darles el estatus (o mejor dicho el “disfraz”) de “expresiones artíticas”. Pero lo que más me indigna es que aún hoy, situaciones de violencia de género, y sobre todo, de violencia sexual sean expuestas en pantalla, no a modo de reclamo y de denuncia, sino a modo de divertimento. Y esto es lo grave. Se lo ofrece así y el espectador avezado lo compra así, sin la menor reflexión y se lo encubre con un término más cool que “apología de la violencia de género” y se lo llama “cine de culto”) . Esto se ve mucho en el cine de “terror” y de “acción” nacional. En las aulas de cine (y en las de teatro, me animo a decir sin ruborizarme) no se habla del tema o al menos no se habla cojonudamente acerca de él. Y ya es hora.
En estos ámbitos se omite el tema como quien cree que la violencia simbólica no se da en esos espacios tan… ¿libres?
Y en esa definición-bajada de línea que se maneja y distribuye en esos reductos que además de artísticos, se jactan de ser “intelectuales”, se cae en la trampa de que la definición de “libertad” y “deshinición” sigue siendo una definición construida desde y para el imaginario masculino. Llama la atención que en esos ámbitos, hoy por hoy, pocos (y pocas) hayan leído “El segundo sexo”, de Simone de Beauvoir, cuya primera página incluye una cita de Poulain de la Barre tan contundente como esta.
“Todo cuanto sobre las mujeres han escrito los hombres debe tenerse por sospechoso, puesto que son juez y parte a la vez.”
Pero insisto: no hace falta encerrarse en sótano de un cineclub y ver “cine de culto” ó XXX. La violencia simbólica se ejerce y se proclama impunemente, a cielo abierto, a plena luz del día, por los canales más masivos, y también por los considerados más “intelectuales” o más “artísticos”.
Sin ir más lejor, esta semana estuve viendo un trailer de una excelente producción nacional sobre un tema tan desgarrador y grave como los secuestros de estudiantes universitarios durante la última dictadura militar, episodio en el cual varones y mujeres tomaron las armas (las del pensamiento y las de fuego) y lucharon a la par. Y sin embargo, quiso la mano caprichosa (o tal vez comercial) del productor armar un trailer en el cual las únicas escenas donde aparecían mujeres eran escenas “de sexo” ó “románticas”. ¡Cómo si las mujeres no hubiesen tenido mayor participación en ese capítulo capital de nuestra historia!
Ante tanto despliegue de grandes actores, directores consagrados y exquisita cámara, este “anacronismo” ó injusticia histórica, fue inevitablemente desalentador.
Y uno no puede más que seguir preguntándose: ¿este es el papel al que nos quieren seguir acostumbrando a las mujeres a ocupar en la sociedad, institucionalizándolo a través de la pantalla?