“Sin duda, los vejámenes sexuales tienen un componente machista, no sólo te muestran el poder de las armas, de la superioridad física, de la situación de inferioridad que de hecho se produce al estar vendadas y esposadas, sino también el símbolo la demostración del otro poder: el poder fálico”, dijo Silvia Ontivero a Página/12.

La violación era una forma más de degradación, la idea era convertirte en nada –agregó–. Es un recuerdo que no se borra nunca.

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