LAS COSAS POR SU NOMBRE, POR FAVOR. Donde dice “haber mantenido relaciones sexuales”, debería decir “haber violado a una menor”.
Según el diario Página 12 de hoy, 12 de junio de 2010, ”El realizador, de 76 años, está acusado de haber mantenido relaciones sexuales con una menor de 13 años en 1977, cuando él tenía 43.” No existe la figura “mantener relaciones sexuales” cuando se trata de una menor de 13 años y un adulto de 43 años. Bajo esas circunstacias, sólo existe la figura del abuso. Punto. Llamar a las cosas por su nombre es decir que Roman Polanski violó por vía oral, vaginal y anal a una menor de 13 años luego de haberla alcoholizado y ofrecido estupefacientes. Cada palabra que se agrega a la descripción de los hechos es un agravante y no un atenuante, como desde algunos medios nos quieren vender. Empecemos a llamar a las cosas por su nombre, por favor. O si no, estos delitos nunca dejarán de cometerse. ¿Por qué? Porque hay aceptación social, naturalización de la violencia de género, culpabilización de la víctima y “privilegios” para ciertos delicuentes prestigiosos. Porque si no hay condena social, no puede existir tampoco la condena penal que merecen esots delitos. Desde el momento en que se trata de una menor de 13 años y que fue alcoholizada, no se puede poner en dudas que se trata de una violación. No hacía falta preguntarse si la niña quería o no. Tenía 13 años, estaba borracha, asustada y privada de los medios para volver a su casa. ¿Qué más hace falta indagar? Una vez más, se culpabiliza a la víctima y se pone como atenuante del delito al prestigio del violador. Empecemos a llamar a las cosas por su nombre, por favor. ¿Qué diferencia a las manifestaciones de la comunidad cinematográfica a favor de un violador famoso de las marchas a favor de violadores ignotos de pueblos chicos de la provincia de Buenos Aires? El estatus socio-cultural del delincuente y de sus defensores. Recuerdo que este mismo diario repudió los hechos de General Villegas y Olavarría. Recuerdo cuán justos y atinados fueron los artículos que publicó en repudio a estos hechos. En cambio en esta oportunidad, el mismo matutino ni se anima llamar a las cosas por su nombre cuando, tal vez porque estamos hablando de un artista consumado y esto generaría controversias entre su público. Entonces, en lugar de decir que Roman Polanski violó a una menor, dice que “mantuvo relaciones sexuales”, cuando meses antes había dado por descontado, y con total justicia, que se trataba de un abuso el delito perpetrado sobre la menor de General Villegas, ya que al tratarse de una menor, no está capacitada para dar su consentimiento. Se omite además el hecho de que antes de violar a la menor, Polanski la había alcoholizado, lo cual descarta todo rastro de sospecha de un “supuesto” consentimiento por parte de la adolescente. El cual, ella misma manifestó que NUNCA FUE DADO y que se negó en varias oportunidades a los ataques que recibió por parte de Polanski. La lectura del expediente es cruda, pero les es la única forma de dejar de comer vidrio y formar una opinión propia sobre este hecho. (ver link) http://www.thesmokinggun.com/archive/polanskicover1.html Poner a Polanski en otro estrato sólo por ser un artista consagrado, no sólo me resulta vergonzoso, como parte de la comunidad artística. Es alarmante por el mensaje que se está dando a la comunidad (el prestigio artístico otorgaría impunidad para cometer este tipo de delitos y tal vez otros). No sólo es bochornoso e indignante. Es elitista y fascista. Porque mientras se siga pensando que un artista (por más gran artista que sea) es menos culpable por su estatus, y que quienes se manifiestan en su favor hacen un “loable acto de justicia” sólo por tratarse de figuras prestigiosas (entre ellos Woody Allen, quien se casó con su hija adoptiva y nadie habló de incesto, porque él es Woody Allen); y por otro lado sólo aceptemos que son aberrantes (y lo son) las vergonzosas marchas de General Villegas y Olavarría, se está cometiendo un acto de un descarado clasismo y de la mayor hipocresía de la historia del séptimo arte: se está juzgando con distintas varas a victimarios y sus defensores, dependiendo del estrato socio-cultural al que pertenezcan; cuando deberían ser juzgados con la misma. Y hacer esta diferencia, amigos cinéfilos, es mear afuera del tarro. Las cosas por su nombre, por favor. Los prejuicios, afuera. Los privilegios de clase, afuera. De otro modo, estos delitos contra la integridad sexual de niñ@s y adolescentes nunca tendrán la condena y la justicia que se merecen. Y no queremos que eso pase, amigos cinéfilos… o sí? Para cuándo un mea culpa?
Posted on Monday, 12 July 2010
NO ME PEGUEN, SOY POLANSKI
Notes